sábado, 15 de marzo de 2014

10 razones para odiarte

Odiarte por 10 razones,
o intentar encontrarlas.
Que lo veo jodido.
Odiar,
que verbo tan repulsivo.
La única respuesta que encuentro
cuando busco el olvido.
Y es eso lo que ando intentando,
rebobinar hasta algún lugar
donde olvide la idea
de seguirte hasta tu ombligo.

Y en eso sigo, en correr por el filo de tu cuchillo,
y hacerlo descalzo, porque me siento como en casa.
Y andar por el borde de tus bolsillos,
a ver si te da por buscar en ellos o por echarme en falta.

La distancia también puede ser gigante teniendo a alguien a tu lado sentado,
la palabra todo se queda pequeña en tus labios.
La línea que une tus ojos a mi realidad no conoce de horizontes
pero se de sobra que matarías a cualquiera
con solo mirarlo.




Eres ladrona
De unas horas
Que no te pertenecen

Eres dueña
De una tregua
Que se quedo pendiente

Después de este caos
estoy empezando a dudar
de si volverá la calma,
me volveré a la cama
con la sensación de no haberte dicho nada
y habértelo dicho todo
con algo más que palabras.
Quizás esta vez tu mirada
entienda
lo que no sabe decir mi voz atrapada


Me tapo los oídos, cierro los ojos,
e imagino no sentir nada.
Escucho el ruido del flujo en mi garganta,
y es que estoy con el agua al cuello,
con el miedo por corbata.


Estoy entre la espada y tus labios,
y aun dudo entre que elegir
porque no se qué me haría más daño.

Estoy entre tu espalda y la pared,
y me siento de todo menos atrapado.


Trepando
hasta llegar a tu cuello,
se diluye entre tu pelo 
ese secreto que sellan mis versos,
que no es más que el deseo
de volver a vernos.


De pasar de un palmo a una planta
De un suspiro a una avalancha
Siéntete observada, mientras miro como hablas,
Esa forma que tienes de mover los labios
Como si no te importara una mierda el aire
Como si fuera de cartón
Como si él no supiera, como se yo,
Que se va a terminar acabando
esta vibración
que origina terremotos,
abre brechas en la tierra,
y hasta mis oídos serpentea.

Cuando nos damos cuenta de las cosas,
siempre es demasiado tarde para reaccionar,
por eso estoy alargando todo esto un poco más,
para ver si así lo empiezo a entender todo.

Que lo entienda quien lo quiera entender.

" 10. Te odio sobre todo porque, aunque lo desearía,  ni odiarte un poco puedo."

viernes, 14 de marzo de 2014

Tercer intento...

Un disfraz para dejar de ser yo,
para cortar la distancia
entre el corazón y la razón,
para acortar la distancia
entre tú y yo.

Dos ecos sin ninguna voz,
el silencia retumba en esta habitación,
cuando pasas de tu silla a mi renglón.
Pero te quedas ahí, y de ahí no te mueves.

Tres escalones rozan tus talones
cuando saltas el espacio que hay
entre mis razones y las pocas opciones
que me dejas.

Cuatro. U otra forma de enumerarlo.
Esta sala de espera en la que nunca llega mi turno,
o quizás se pasó ya mi número.
Otra forma de mirarlo. De mirarte.
Otra forma de contarlo,
de seguirte el rastro
con el tacto.

Cinco. Llegados aquí, brindo
por lo juegos de niños,
por la de veces que estoy perdido
entre tus laberintos,
porque no le encuentro ningún sentido
a la pausa de tú cuello
sino es a mordiscos.



Seis. Arden las farolas,
descarrilan los trenes,
la ciudad se alborota,
los idiotas nos sorprenden,
la maldad está rota,
la luna prende
la luz de las goteras,
el invierno escuece
como el hacha en la madera,
mi letra no obedece
pues no quiere sin ti una guerra,
quiere miel de tu piel
no de las colmenas,
quiere deudas con tu litera,
quiere sacar las cuerdas.


Siete. Y vuelves, y no sé porqué,
y no sé qué forma es esa
de dar una de cal y otra de arena
tan sutilmente.

Ocho. Te vas, pero no del todo.
Ya no sé donde esconderme para que no me encuentres,
si al fin y al cabo,
estamos caminando por la misma rotonda en sentidos contrario.

Nueve formas de odiarme
por no querer salir de una cárcel
que me he hecho yo solo,
con cuatro paredes del papel de mis esbozos,
un suelo del color de las mentiras,
negras, proyectando la sombra de las rejas,
y un techo que…bueno, el límite del cielo
te dejo que lo decidas tú.

Diez razones para odiarte


Continuará...


miércoles, 12 de marzo de 2014

Segundo intento...

Un mismo color, cobre. La hojalata de este edificio.
Lejos de nuestras casas y con este mismo frio.

Dos cuartos, solo una habitación, sin ningún color
y tú viniendo con trampas, encima.
 Lo de siempre, la misma obsesión.
Las mismas mentiras,
Y tú, mi única perdición.

Tres párrafos no son los suficientes,
ni siquiera tres textos, o tres libros,
para describir el hecho de mirarte,
y morirme de envidia del que puede tocarte.
De la mala.

Cuatro plantas son suficientes para arrojarme
al umbral de la basura, de la sed,
al imán de tú locura.
Imposible a este miedo no arroparme,
difícil esta vez no asomarse
al borde de tú falda,
y no querer allí suicidarme.

Cinco de la madrugada y me sigue faltando papel
para terminar de explicar que eso de aparentar
 no me esta sentando nada bien.
Y quizás por esta vez
la tinta me responda los “porqués”.

Seis tempestades, seis vientos huracanados,
seis tormentas, seis balazos.
Si, son verdades de lo que hablo,
son coherencias que me devuelven la cordura.
La misma que me robas, que se esfuma como la espuma.

Siete de la mañana y suena el despertador,
llega el alba pero yo sigo en el mismo sueño
que la noche anterior.
Tú seguías allí.


Ocho paradojas temporales, rotas,
que van caminando entre los arrabales,
y yo, esperando pasar y verte,
verte esperando,
verte pasar,
pasar de ti
(por aquello de que me engaño),
o solo espero verte pasar por mi lado,
mientras mi piel se estremece,
preguntándome existencialmente ,
mientras la sal de mi café se deshace,
si volveré a verte.



Nueve minutos y medio,
y ya empiezo a notar cómo se mueve el mundo
corriendo detrás de tú culo.
O, a lo mejor, solo se están moviendo las nubes
empujadas por el aire frío que queda cuando te vas
(se corta cuando estás).
O, quizás, aquí no se está moviendo nada,
solo está creciendo mi estupidez ilimitada
por colgarme de cualquiera
a las tantas de la mañana.
Aunque creo que la palabra cualquiera
no va mucho con ella.


10 razones para odiarte.


Continuará...

lunes, 10 de marzo de 2014

Primer intento...

Una ciudad en llamas, bajo cielo de un manto de agua.
Dos personas de las que hablan mis letras, rascacielos y paraguas.
Tres paradas de metro, entre mis manos y tu pelo, y hablo de espacios.
Cuatro espacios y universos que dan cuerda a esta epopeya. Se me está acabando el cuento.
Cinco dedos que querrían acabar en tu espalda este texto.
Seis pedazos de tu cuerpo, donde las caricias se transforman en verso.
Siete pecados capitales reescritos entre las sábanas, bajar todas las persianas y tentar a la carne.
Ocho calles a tu lado me han bastado para no dudar de lo que hablo.
Nueve oportunidades me he dado a mi mismo para solucionar mis altibajos.


10 razones para odiarte.


Continuará...

domingo, 9 de marzo de 2014

someone

El otro día nos volvimos a cruzar por la calle
y sigue con ese morbo en la mirada
que encendería en cualquier charco una llama.
Tiene más magia en cada uno de sus tacones
que cualquier puta hada en cada una de sus alas.




lunes, 17 de febrero de 2014

Reinventar el verbo



"Érase que se era, una niña y un niño.
El niño se llamaba Siempre y la niña se llamaba Nunca.

Un día Siempre se acercó a Nunca y le dijo "Mi mayor sueño en la vida es viajar hacia el sol".
Nunca, que era temerosa, que nunca se fiaba de lo que no podía comprobar con sus ojos, dijo "nunca vas a llegar al sol, y si intentas volar, te caerás".
Yo creo que Nunca intentaba ser la cuerda del globo de los deseos que era Siempre.

Pero tal era el peso de los sueños y tantos pájaros tenía en la cabeza Siempre que un día todos emprendieron el vuelo a la vez y Siempre desapareció en mitad del cielo.
Hay quien dice que se perdió, otros que se cayó, otros que cumplió su sueño; pero de todo esto que pasó, Nunca nunca lo supo porque echó raíces en el suelo.

Y ES QUE SI SIEMPRE TE DICES NUNCA, NUNCA SERÁ SIEMPRE."


Rayden.





miércoles, 12 de febrero de 2014

1. adj. Enmarañado, de difícil comprensión

- ¿Está todo bien?, ¿Quieres hablar de algo?

- No, hay muchas cosas que están mal, pero podrían estar mucho peor.
Será que me conformo con que la distancia no se haga más grande.

En cuanto a lo de hablar, no puedo decir nada.
Sería demasiado duro para los dos que te explicará
lo que te he dicho ya en cientos de palabras.
Que tú no has leído todavía.-


Que complicado es cuando sabemos
Que nos tenemos que alejar de alguien
Pero sin decir nada.
Sin dar una explicación.


Irremediablemente, tarde o en vano,
Me tendré que ir de aquí.
Inevitablemente, en parte o temprano
Acabarán echándome.
Pero de momento, no me da la gana.
Solamente estoy esperando el instante
En que esté preparado para dejar
de andar de puntillas por su sonrisa,
Que es lo mejor que ha provocado mi lápiz hasta ahora.
Hacerla sonreír.
Solo por eso, es como para no parar nunca de escribir.
Y vuelta al bucle,
A no poder salir de aquí,
Porque de momento, no me da la gana.


Y
Mátame
Si te apetece,
Hace ya algún tiempo que lo estás haciendo
Sin darte cuenta,
Dejando caer un millón de agujas
En mis manos.
Ese segundo, demasiado complicado
de explicar,
en el que
Un escalofrío recorre mi espalda
Y  termina en mi estomago
En forma de hormigueo



Que complicado es cuando
nos queremos complicar la vida,
Con quien desde el principio
Sabíamos que no debíamos.


jueves, 6 de febrero de 2014

insomnio

No quiero escribir más sobre toda esta mierda,
el bolígrafo ya apenas me pinta la vida,
solo veo un poco de tinta
muriendo en un folio que a veces me mira blanco
y otras veces lo veo negro.

Igual de oscuro que al palpar mi mediocridad,
cuanta ingenuidad
entre todos los cuentos de hadas que dejan de brillar,
porque he caído en la cuenta que de cuento tiene poco esta historia
y mucho de peli de miedo, o de risa, que parece lo más serio.

No os enredéis nunca en el pelo de una señorita
sino estáis listos para los golpes de la vida,
o para perder la fe en su sonrisa,
sino estáis seguros
de que seréis capaces de salir de ese embrollo sin ningún roto.
Y como aquellas veces en que no podemos abrir la bolsa de la merienda,
rompemos el nudo sin pensar si quiera si había alguna otra manera
de averiguar si teníamos nocilla aquella tarde.
A veces la impaciencia es la peor de las respuestas,
aunque nunca ha sido una buena consejera.
La merienda es como el punto de inflexión de la tarde,
el momento entre terminar los deberes y salir a la calle,
o para que lo entendamos (la metáfora),
el momento en el que pensaste que una retirada a tiempo
no iba mucho contigo,
no es ninguna victoria.
Y pensábamos,
que todos los imposibles guardan una pizca de realidad,
algo de probabilidad,
que no importaba ser el que va detrás
(de ella)
que así,  si caía la podrías levantar.
Y te acuerdas de
aquella vieja frase:
"Solo un iluso seguiría insistiendo.
Lo cierto es que yo siempre fui un iluso.”
El punto de inflexión entre todo lo anterior
y ver que no hay nada más,
que los cuentos se quedan en los libros,
que las novelas trágicas tienen mucho más de reales,
que hay espaldas (como la suya) a la altura de las nubes,
que solo era viento en el molino, lo que hacía ruido
entre sus mejillas,
No era un susurro.
Que es dura la realidad,
no todo pasa como en las películas,
que tenemos más imaginación de lo que pensábamos,
que somos un poco más idiotas
que en la línea anterior.

No tendré el placer, o la curiosidad, o la oportunidad
de conocerte.
“Espero poder contar contigo en otra vida”

También ahora
podré hablar de noches de insomnio,
y sé
que luchar por los sueños, no es trabajar,
es estar haciéndolos realidad.


Poco a poco.


sábado, 25 de enero de 2014

De resaca

Tengo más heridas profundas que a plena luz del día,
tengo más lanzadas escondidas que a simple vista.
Y a ti, que tan bien se te daba
salvar vidas en plena madrugada.

Buscando el borde de sus labios
en cada instante,
el acantilado por el que arrojarme
cada noche.

Tengo medio pie en la tierra
y el otro pie y medio puesto en su acera.
Tumbado en su litera,
viendo pasar las nubes o viendo morir guerras,
entre sus piernas,
entre mis dedos y su cintura,
me acusan
desde el primer botón
hasta el final de su camisa,
como premisa de abrir un paracaídas
antes de dejarme caer hasta sus rodillas.

Versos de rendición que queman como el hielo,
como mis dedos entre su pelo,
feroces versos de conformismo, a voces,
colgado de la hebilla de cada uno de sus tacones.

Me quitas el sueño todas las noches
pero estoy muy cerca de soñarte.

Sigo buscando la suerte entre los escalones
de cualquier escalera que me lleve hasta tus talones.